ZEUS Y EL PUDOR

 

 “Cuando Zeus modeló a los hombres, les infundió enseguida las diferentes facultades, pero sólo se olvidó del Pudor...”

Esopo, Zeus y el Pudor

 

Tradicionalmente las fábulas han servido para tratar de explicar todo tipo de cuestiones, a partir de historias, que habitualmente recurrían al tópico como planteamiento de partida. Así estas narraciones, aparentemente ingenuas, se convirtieron en históricas aliadas en la perpetuación y fortalecimiento de ciertos estereotipos.

En la fábula clásica la masculinidad y la homosexualidad solían contraponerse, de modo que la ausencia de los valores que se presuponían en una conllevaban la otra. De este modo el poder y el honor quedaron aparejados a la masculinidad, mientras que la homosexualidad se asoció intrínsecamente a la lascivia. Aspecto, este último, que Esopo aborda en su relato Zeus y el Pudor.

En las obras que componen la exposición, como en las fábulas,  las acciones se en cadena formando historias en las que el hombre es el protagonista y en las que lo que se sugiere es más importante que lo que se dice, pues la duda sobre lo que está ocurriendo siempre está presente.

Los artistas se sirven de técnicas artesanales como la acuarela y la tinta para representar a un hombre en continua construcción; y contraponen irónicamente la delicadeza de los materiales y del dibujo con unas imágenes nada idílicas.  Piezas que son narraciones fantásticas y que al igual que las moralejas pueden ofrecer una conclusión abstracta.

 

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